Digamos Ya Basta! a la Corrupción en Honduras

Complicidad entre el poder y los medios de comunicacion *


En los últimos veinte años de período constitucional se impuso la idea de que las percepciones públicas con respecto a los gobiernos se moldean a través de los medios y los periodistas. No son las obras, sino las noticias las que califican el quehacer gubernamental. De hecho, las distintas formas de injerencia o manipulación en la información pública se institucionalizan, se vuelven rutinarias, “normales”. Desde esa visión, los periodistas y sus medios son los responsables principales de propiciar una mala o una buena imagen del país, tanto a lo interno como a lo externo. Además, en la medida en que, ya constituidos en poder, los políticos se alejan de las necesidades del electorado y hacen del incumplimiento a las promesas electorales una rutina, acuden a más mecanismos sustitutivos de representatividad para dar una suerte de legitimidad de prensa a sus gestiones. Cabe destacar que el carácter presidencialista de los regímenes hondureños ha favorecido una corriente periodística que trafica con su cobertura. La idea es que la opinión pública no juzgue resultados, sino que crea en el discurso oficial.

Cuando nos referimos al “poder”, hablamos del Estado, de los partidos políticos y de la élite político empresarial del país. Bajo esa perspectiva, los medios de comunicación en Honduras representan un poder en si mismos, pero se constituyen a la vez en un instrumento del poder de terceros. Esa es la clave fundamental para entender todo el entarimado de la prensa hondureña. El “poder propio” y el “poder de otros” se alimentan a si mismos, en un típico círculo vicioso. Los “medios” seducen a la vez que se dejan seducir, con mecanismos de acercamiento a los poderes político y económico que evolucionan conforme
las demandas del “mercado”.

Resulta curiosa la capacidad de adaptación que tiene el periodismo venal hondureño respecto a los cambios de gobierno. Las oportunidades de acceder a privilegios no se cierran con cada relevo, sino que se abren, aunque el partido que gobierne no sea el mismo. Cada gobierno hereda al otro sus contactos o sus planillas con los periodistas. Los políticos están conscientes que las críticas periodísticas que pudieron recibir en sus campañas no respondían a argumentos, sino que a la falta de control de las mismas, y rápido advierten que el tono agresivo de varios ataques públicos responde a una fase de ablandamiento para llamar a negociar, lo que en el argot de los periodistas se conoce como “ladrar y morder”. Aunque los intereses y las circunstancias pueden cambiar, la corrupción es el hilo de continuidad entre el poder y la prensa, bajo el criterio de que la “buena prensa” es la prensa amiga.

En los últimos años se ha creado un mercado de servicios menos improvisado o artesanal entre poder y prensa con cotizaciones diversas en el manejo de la información. Se comenzó a cobrar por “ocultar”, “divulgar”, “omitir”, “desinformar”, “opinar”, “preguntar”, “repreguntar”, o simplemente por “callar”. Un chiste común en los círculos periodísticos hondureños cuenta que un ministro ofrece pagarle a un comentarista por la redacción de un editorial y éste le pregunta: “¿lo quiere a favor o en contra?”.

La búsqueda de la “credibilidad” no se basa en respetar las normas éticas o técnicas del periodismo, sino en desarrollar un “populismo” informativo, que mezcla el amarillismo, el sensacionalismo y hasta cierta dosis de asistencialismo hacia el público receptor. Esa actitud se vuelve más notoria en aquellos periodistas con espacios de cobertura más reducidos, obligados a magnificar sus medios. Sus preocupaciones no tienen nada que ver con la consolidación de un Estado democrático, se reducen a cuestiones pecuniarias y a compromisos de construcción de imágenes, nada más.

La utilización de los espacios de un medio para fines personales siempre deja pistas o evidencias (carros o casas nuevas y de lujo, sueldos que no se cobran sino que se capitalizan en la cooperativa de la empresa, o demasiada insistencia en publicar a determinadas fuentes), pero no son objeto de fiscalización por parte de los propietarios de los medios. El sistema funciona tan bien que el periodismo al que se vigila es al honesto, no al corrupto.

Los propietarios de los medios suelen legitimar y sacar provecho a ese sistema puesto que los propios “ejecutivos” les sirven para negociar con el poder cuando solicitan favores directos o indirectos. El periodista honrado puede ser rentable al medio donde trabaja, pero el periodista corrupto es rentable al conjunto de intereses empresariales del dueño del medio. Si a un dueño le toca decidir entre uno y otro, suele quedarse con el segundo.

* Tomado de Libro Prensa y Poder Por Thelma Mejía

mayo 13, 2008 - Posted by | Corrupcion, Gobierno, Medios de comunicacion, Periodismo, Politica

1 comentario »

  1. Desafortunadamente para Honduras, casi todos los diarios de este país están en manos de malos empresarios y los utilizan para silenciar la verdad y todo aquella noticia o hecho que denuncie actos de corrupción de altos funcionarios públicos, así logran que juicios contra ellos no prosperen, ya que estos señores han cometido tremendos actos delictivos. Se dice de uno que se robo alrededor de $300 millones de la ayuda del huracán Mitch.
    Solo hay que leer las ediciones pasadas de El Libertador, para confirmar quienes son estos malos hondureños.

    Comentario por Anonymous | mayo 16, 2008 | Responder


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